Obesidad y sobrepeso: causas y consecuencias (I)


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Federico Ferrero

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Actualmente se considera a la obesidad una enfermedad epidémica, la razón fáctica reside (salvo en casos excepcionales) en una mala dieta. Y esta mala dieta, que desemboca en una nutrición perjudicial para la salud, es el resultado de una forma de alimentarse que tiene cabida en determinadas formas de ser individual y socialmente. Aquí hablamos de cuáles son algunos de los aspectos de esta forma de ser como causa y consecuencia de la obesidad.


La obesidad es una enfermedad que hay que admitir
La obesidad es una enfermedad, lo primero es admitirlo.

Alguien es obseso por ignorancia o por ignorancia de las personas de las que depende (si es el caso de un niño o una persona que no se pueda valer por sí misma en lo que a su alimentación se refiere) ignorante respecto a la dieta que debe llevarse para mantener una nutrición equilibrada en función de la actividad física que cada uno desarrolla o a su modo de vida. Salvo en algunos casos muy puntuales, donde por cuestiones fisiológicas la solución a la obesidad no pasa por cambiar la forma de comer, forma de vida o incluso someterse a ciertos tratamientos médicos (como la reducción de estómago), esta ignorancia puede ser resuelta rápidamente si, tras informarse, la persona obesa acepta que la obesidad es un problema y se afana por corregirla, corrigiendo tanto sus hábitos alimenticios como su vida sedentaria, según haga falta.

En muchos casos desterrar la ignorancia sobre la forma de alimentarse no sólo es difícil, sino que encuentra una barrera económica potenciada por el marketing: las personas pobres muchas veces son obsesas por falta de recursos, ya que ciertos alimentos más saludables son más caros que otros que no lo son, y así la mala alimentación no lo es necesariamente por ignorancia, sino por una especie de "endemismo" fruto de un bajo poder adquisitivo. Pero en otros casos el poder adquisitivo es más que suficiente para tener una alimentación equilibrada (algo, por otro lado, no demasiado caro), es lo que ocurre con las clases medias y altas de la sociedad, gran parte de la cuál está afectada por la obesidad, siendo en algunos países reconocida como una enfermedad devenida en epidemia, cebándose en las clases medias.

La mala alimentación se potencia gracias a la acción de propaganda que someten al consumidor las empresas de ciertos productos alimenticios, al anunciarse con publicidades engañosas sobre sus supuestos efectos positivos o inocuos para la salud, cuando no es así (caso de las bebidas azucaradas de todo tipo, etc.) e incluso teniendo un lugar privilegiado de venta en las escuelas, donde de chico "forman" al consumidor tipo, muchos de los cuales serán futuros obesos.

Pero incluso superada la fase de la ignorancia, mucha gente sigue alimentándose mal. Es decir, aún sabiendo qué hay que comer, en qué cantidades y forma, y el ejercicio físico que necesariamente hay que realizar de forma complementaria para mantener un buen estado de salud, las personas siguen eligiendo hacer las cosas mal. ¿Por qué?

Por un lado, desde el punto de vista fisiológico, porque los alimentos ricos en azúcares y grasas son deliciosos y muy adictivos para nuestro cuerpo, y al mismo tiempo, muchas veces más baratos y (en esta época) difundidos, incluso de forma encubierta, que los alimentos que nos nutren de forma más equilibrada. Ahora, esto se traduce en una respuesta mucho más simple desde el punto de vista psicológico: no se ataca el sobrepeso y la obesidad porque comer sano es, en muchos casos, algo difícil, un desafío para la voluntad.

Esto no es lleva a la razón de este artículo: la psicología de una persona obesa da como resultado una forma de ser causante en gran medida del haber llegado y mantenerse obsesa a lo largo del tiempo. Dejando de lado las excepciones antes mencionadas (imposibilidad económica o concretas causas fisiológicas) la mayoría de los obesos lo son porque no tienen voluntad de dejar de serlo, ya sea haciendo lo que saben deben hacer a nivel de dieta y actividad física, pidiendo ayuda para informarse o recibiendo un tratamiento que controle y resuelva su enfermedad. Muchos nutricionistas, dietistas o endocrinos que atienden a pacientes obsesos coincidente en que el primer y fundamental escollo a salvar con sus pacientes es que estos reconozcan que están enfermos. Muchas veces la sociedad, con el aumento de los casos de obesidad y otros trastornos relacionados con la alimentación (como la anorexia, bulimia, etc.) tienden a minimizar, a considerar "común" o "normal" el hecho de que las personas que son obesas son personas que están enfermas, y como tales tienen que resolver ese problema. La sociedad incluye a las empresas que viven de la venta de productos que directa o indirectamente causan obesidad y sobrepeso, y por lo tanto dependen de estos consumidores enfermos, y tratan por todos los medios proporcionados por el marketing que no se les escape esta franja de mercado. Pero recordemos, para más datos, que la obesidad puede derivar en infinidad de patologías y enfermedades muy peligrosas para la salud, que limitan la forma de vida y acortan su duración drásticamente, como ser: problemas cardiovasculares, diabetes, gota, hiperuricemia, insuficiencia venosa en las extremidades inferiores, complicaciones respiratorias, complicaciones digestivas, complicaciones en el aparato locomotor (articulaciones malformaciones, trastornos de columna, etc.) riesgo operatorio, cáncer y (precisamente de lo que estamos hablando en este artículo) problemas psicológicos y sociales.



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