Defensa personal: un caso real (I)


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Federico Ferrero

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Viajando hoy (31/08/2007) en el Metro de Madrid me vi envuelto en un caso de defensa personal en donde en un minuto escaso entró en juego la cobardía, la justicia y la prudencia durante una actaque de dos contra uno.

Hoy puede ver claramente la diferencia entre "prudencia" y "cobardía", mientras viajaba en el Metro de Madrid, y era testigo de los hechos que paso a relatar lo más objetivamente posible (luego haré mi interpretación):

En el vagón en el que viajaba pasadas las 11:30hs. de la noche de hoy viernes había dos adolescentes que algunos califican como "kinkis", "grupo" que podríamos denominar de "tribu urbana", si no fuera porque ellos mismos no se sienten parte de grupo o tribu alguna (no hay estructura de organización, ni mucho menos) sino que, como tantos otros subproductos de una sociedad en decadencia, simplemente comparten cierto "gusto", en este caso suelen escuchar música electrónica de discoteca, vestirse y cortarse el pelo parecido, y ser violentos cuando son mayoría y tienen ventaja contra ciertos colectivos.

Estos individuos por alguna razón empezaron a increpar a dos inmigrantes latinoamericanos (probablemente bolivianos o ecuatorianos) que iban visiblemente borrachos pero tranquilos sin molestar a nadie, y que parecía que volvían de trabajar (quizás fueran trabajadores de la construcción o algo por el estilo, por su vestimenta) y seguramente se habían tomado un par de cervezas. En un momento dado el más alto de los "kinkis" le propina un puñetazo a uno de estos, sin motivo aparente...los inmigrantes optan por moverse a otro lado, alejándose de ellos por el vagón, y quedan a un metro de donde estoy yo. Los kinkis lo siguen y cuando están a 2 metros uno de ellos, rápido y violentamente, se cuelga de uno de los pasamanos y le da una patada en la cabeza al mismo inmigrante que había pegado antes...el inmigrante, simplemente levanta el brazo y dice "no, no". A todo esto, la gente del vagón (de todo tipo y color) que iba lleno, lanza exclamaciones, sobre todo las mujeres, pero nadie se mete en el lío. Los dos kinkis se le acercan más al imigrante que seguía de pie (su compañero se había sentado) y le empiezan a pegar en el brazo levantado y a decirle "¡¡quita esa mano!!", y a continuación qeu se tenían que bajar el la próxima estación porque le caían mal y se les había acabado el viaje. Justo el metro frena en la estación, y como los inmigrantes no se bajan, el mismo que le había pegado antes le da tres rápidos puñetazos a la cara/cabeza, al mismo tiempo una mujer se abalanza para intentar deternerlos pero no le da tiempo, y alguien tira de la alarma para frenar el tren antes de que abandone la estación. Al ver esto los kinkis se hablan señalando esto, y se bajan rápido del vagón y desaparecen... La mujer, impresionada, se pone a llorar en el hombro su pareja.

En seguida aparece el conductor del tren, con cara de "estoy harto de venir a desactivar las alarmas de freno los viernes a la noche", y lo hace...la gente le dice lo que pasó, que les pegaron a los inmigrantes (que siguen ahí, y no reaccionaron), pero levanta los hombros como diciendo "¿y a mi que?". El conductor se va, el tren arranca. Me acerco a la puerta porque me bajo en la siguiente estación y aprovecho para preguntarle al inmigrante (que no sangraba ni tenía ninguna marca visible) si estaba bien...me dice que si, que "con eso no me van a matar, yo aguanto más"...entonces me dice "cobardes...nadie hizo nada...yo los hubiera agarrado así..:" y levanta una mano rozándome el cuello y mostrándome como les levantaría la cara, y lo hace otra vez, cosa que impido porque en su borrachera parecía no entender que yo no era uno de ellos, y me estaba por agarrar realmente el cuello...le digo que se quede tranquilo, que hizo bien en no contestarles los golpes, y me bajo del tren.

Ahora, interpretemos estos hechos desde el punto de vista de la defensa personal ¿qué pasó realmente en mi opinión? ¿porqué yo no actué más que como actué?, o dicho de otra forma, ¿qué pasó en esos momentos por mi cabeza?.

Interpretemos primero la reacción global de la gente. No puedo saber obviamente qué pensó cada uno, pero en general parecía que no quisieron intervenir por miedo a verse envueltos en la pelea, a excepción del que tiró la alarma (que no sé quién fue) y de la mujer que intentó hacerlo. Hay que destacar que la impresión que le causó a la mujer la injusticia de que dos personas violentas le pegaran a otra sin motivo, pudo más que su propio instinto de supervivencia, y le hizo intervenir. Esto, en principio muy loable, podría haberle traído muchos problemas, si no fuera porque los inadaptados no le prestaron atención, creo que ni siquiera la vieron, ya que no los llegó a tocar. O sea, desde el punto de vista de la justicia, la mujer, bien. Desde el punto de vista de su defensa personal, mal.



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