Supervivencia ante maremotos (tsunamis), marejadas, riadas e inundaciones (II)


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Federico Ferrero

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Tsunamis o maremotos

Primero algunas definiciones de nuestro diccionario:

Maremoto

Tsunami

Maremoto tectónico

Durante un maremoto tectónico, el más común (aunque también pueden producirse por erupciones volcánicas submarinas, de islas volcánicas o incluso por la detonación de un arma nuclear). Al moverse la tierra en el lecho marino o en con epicentro en tierra pero cercana al mismo como consecuencia de un sismo, esta "mueve" el agua que se asienta sobre él, provocando que el agua se desplace de forma ondulante, creando olas de mayor o menor tamaño, velocidad y extensión en función de la fuerza del terremoto y otras variables.

Un maremoto en mar abierto no suele causar grandes problemas, ni siquiera a las embarcaciones que se encuentren en su trayectoria ya que, por cuestiones física sobre las que no vale la pena explayarnos en este artículo, las olas mar adentro pueden ser casi imperceptibles, y constituyen un problema sobre todo cuando, acerándose a la costa, crecen en tamaño, adentrándose en tierra sin "romper", teniendo así un gran potencial destructor a medida que inundan y arrasan todo a su paso de forma violenta y repentina. Para saber el estado del mar o el peligro que implica el mismo, es conveniente conocer la Escala de Douglas, muy utilizada en el ámbito náutico.


Trailer de la película "Lo imposible" (The Impossible) que recrea los efectos de un tsunami o maremoto,
en particular del tsunami de 2004 que afectó a Indonesia y gran parte de Asia.

Si estamos en la costa, contra un tsunami o maremoto no hay defensa de supervivencia efectiva, tanto por la fuerza del mismo, como por la cantidad de desperdicios naturales y artificiales que puede arrastrar y con lo que podremos chocar: arena, tierra, animales marinos, árboles, plantas y todo artefacto artificial creado por el hombre que encuentre a su paso por el océano y la costa, una vez se adentre en tierra. La única alternativa no dependiente de la pura suerte (con muy pocas posibilidades reales de supervivencia) consiste en escapar a o refugiarnos en un lugar seguro antes de que este llegue. Es decir, aplicar medidas de prevención, anticipándose al tsunami.

Un tsunami puede afectarnos aunque estemos en una zona costera miles de kilómetros de distancia del lugar en donde se origino. Por eso existen alertas de tsunami que, de darse, pueden proporcionarnos el tiempo suficiente como para evacuarnos a una zona segura. De no disponer de esta alerta, algunas señales locales pueden indicarnos directamente que un maremoto se acerca, estas señales son:

- Si se siente un sismo en una zona costera de más de 7 grados (ver escala) o que no nos permita mantenernos en pie, debemos suponer que le seguirá un maremoto o tsunami, por lo que hay que realizar la evacuación lo antes posible (ver a continuación).

- Si se inicia la retirada del mar hacia el interior, alejándose del continente. Esta es la primera fase de un tsunami, y quedarnos a mirar el espectáculo es lo peor que podemos hacer...

- Los animales se alborotan y huyen en dirección contraria a la costa si pueden, incluso con 15 minutos o más de anticipación a la llegada del maremoto.

En caso de saber que existe la posibilidad de que se de un tsunami por estas señales directas o por avisos gubernamentales, etc., lo que debemos hacer es:

1.- No quedarnos dentro de casas o cualquier construcción que se halle dentro de la potencial área barrida por el maremoto, ya que estas NO son protección ante un tsunami.

2.- Alejarse del mar, rías y ríos lo más posible. Hay que tener en cuenta que muchas veces las olas gigantes penetran por los ríos y rías, al igual que lo hacen en caso de inundación, y afectan destructivamente a los litorales bajos. Contrariamente, las costas con grandes acantilados suelen ofrecer una protección mayor que las que poseen playas a nivel del mar.

3.- Buscar una zona alta, por lo menos 30 metros sobre el nivel del mar o río que desemboque en él más cercano. Las olas suelen tener no menos de 20 metros de altura y su velocidad pueda superar los 150 kilómetros por hora, por lo que encontrarse con el frente de olas sería como ser impactado por un edificio de 10 pisos que fuera a la velocidad de un automóvil o más. Lo ideal es que esta "zona de seguridad" esté preparada y sea conocida de antemano, como parte de un plan de evacuación por todos ensayado y simulado.

4.- Buscar paralelamente una zona protegida con árboles u edificios, cuantos más altos y más grandes, mejor. Estos frenarán las olas, no impedirán el avance y crecida del agua (inundación) pero sí pararán la violencia de su choque. Lo ideal es que la zona de seguridad previamente preparada esté en una dentro de una ubicación con estas características.

5.- Subirse a edificios y árboles alejados de la costa es una opción de circunstancia si no tenemos nada planificado (refugio en altura) de antemano. Poner el árbol o edificio entre la fuerza de la corriente (y los desperdicios y resto de destrucción que arrastre) y nosotros, en caso de no poder trepar sobre él y la corriente.

6.- No abandonar la zona segura hasta por lo menos 48 horas después, salvo que se nos evacue por aire o (al retroceder el oleaje, ante una nueva ola por venir) desplazarse en un plan conocido de antemano a una zona aún más segura. Los tsunamis no sólo pueden tener "réplicas" también (al ser consecuencia maremotos tectónicos) sino que, aunque no sea el caso, suelen golpear por lo menos dos veces (flujo y reflujo) e inundar una zona más allá de las crecidas normales durante, por lo menos, dos días.



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