P. Edronkin

La supervivencia de Tiro



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Tiro es una ciudad libanesa que nos puede enseñar algo acerca de la supervivencia de las gente que habita los centros urbanos, y también de las poblaciones en sí mismas. En tiempos recientes, esta ciudad ha sido escenario de violentos enfrentamientos de todo tipo, pero Tiro es una muy antigua ciudad fundada ya por los fenicios durante su época de gloria, hace más de tres mil años, y su historia ha sido particularmente violenta; algunas de las batallas peleadas allí en la antigüedad fueron masacres no muy distintas de lo que hoy en día se puede producir utilizando armas de destrucción masiva.

El pueblo fenicio, dedicado principalmente al comercio, era muy próspero y despertaba la envidia y la codicia de algunos vecinos poderosos como los asirios y los babilonios: Tiro era una de sus principales ciudades y como cabría esperar, uno de los blancos predilectos de los poderosos imperios que existían hacia el este.

La ciudad de Tiro siempre fue un puerto importante para el comercio desde finales de la edad del bronce, y uno de sus productos más codiciados y de un valor mayor que el oro fue y es el púrpura de Tiro, que constituye incluso un símbolo de la realeza en prácticamente todo el mundo. La madera de los cedros y otros árboles de la región también era muy codiciada, al punto que cuando los asirios asolaban de forma más o menos regular la región, una de las cosas que se consideraba como botín preciado era justamente la madera. Los asirios incluso se vanagloriaban de haber emprendido campañas contra las ciudades fenicias para talar los bosques y deforestar las zonas circundantes.

En Nínive se han encontrado bajorrelieves realizados en alabastro y otros materiales en los que los distintos reyes, como Senaquerib y Asurnasirpal II, Salmanaser III, Asarhaddon, Ashurbanipal y otros se jactaban de sus conquistas y victorias, de los rescates y tributos que exigían y otras hazañas que sugieren que el Medio Oriente no es tranquilo hoy en día porque en realidad existe allí un culto a la guerra que dejaría pasmados a los nazis y los samuráis.

La flora y fauna de lo que actualmente es el sur del Líbano sufrieron terriblemente con las sucesivas campañas de despojo y saqueo organizadas principalmente por los asirios y los babilonios (ver Supervivencia urbana: Saqueos); en este aspecto, cabe destacar que los Persas fueron bastante más magnánimos y razonables, y supieron manejar mejor sus asuntos y cuidar sus recursos naturales.

La ciudad de Tiro había sido construida en una isla que ya no lo es más: la razón para ser una población insular era bastante obvia y tenía que ver con la facilidad para defenderla. Pero cuando Alejandro Magno emprendió su campaña en contra de Persia, necesariamente tuvo que lidiar con los puertos fenicios que eran aliados del rey Darío. La mayoría de las ciudades fenicias simplemente acogieron a las tropas de Alejandro, acostumbradas a cambiar de bando a medida que los conquistadores iban y venían, pero las autoridades de Tiro decidieron resistir. Alejandro Magno ordenó entonces efectuar un asedio, y para llegar a las murallas de la ciudad, ordenó construir una especie de explanada, rellenando nada menos que las aguas costeras, con piedra, arena y deshechos, hasta alcanzar la isla.

Una vez allí y no sin dificultades, venció a los defensores, ordenó matar a todos los hombres en edad de combatir y vendió como esclavos a los sobrevivientes. Desde entonces Tiro dejó de ser una isla y la explanada artificial se fue ensanchando con sedimentos naturales hasta que alcanzó más de medio kilómetro de ancho. En la actualidad, una parte de la ciudad se erige precisamente sobre esta extraña construcción del ejército alejandrino.

Para el tiempo en el que Alejandro Magno pasó por Tiro, la ciudad ya había perdido parte de su importancia: una revuelta interna, unos siglos antes, provocó que un número de nobles escaparan de la ciudad y se refugiaran en el norte de áfrica, en lo que actualmente es Túnez, y fundaran la ciudad de Cartago. Después de un asedio particularmente prolongado por parte de los ejércitos de Babilonia - trece años - la ciudad había cedido su sitial como el puerto más importante del mundo al pueblo de los cartaginenses, y la masacre de los griegos solamente contribuyó aún más a que la ciudad decayera.

Pero Tiro sigue estando allí, tras haber sobrevivido innumerables asedios y conquistas.




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