Supervivencia Urbana: Reduzca el número de tarjetas de crédito

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Pablo Edronkin

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Las tarjetas de crédito son muy prácticas, pero en tiempos de crisis económica se pueden transformar en armas de doble filo porque la tentación de usarlas genera a la larga deudas difíciles de pagar en tiempos normales e imposibles cuando a economía sufre.

Nuestro mundo actual basa las cosas demasiado en el crédito; mis ancestros fueron banqueros. No empleados de un banco sino propietarios de ellos. Ellos hicieron fortuna ganando más de lo que gastaban, eso es obvio, pero así como algunos ganan otros pierden, y el mundo actual, para la gente que no es propietaria de bancos es peligroso en este sentido.

Las tarjetas de crédito son muy convenientes para algunas actividades como comprar por Internet o viajar, pero no son buenas para consumir día día. Invertir es una cosa y consumir es otra, y si bien se habla siempre en buenos términos del crédito y las inversiones, hay que tener en cuenta que es muy diferente endeudarse para invertir que hacerlo para consumir.

Al viajar puede resultar muy inconveniente llevar dinero en efectivo o complicarse con las tasas de cambio; durante un viaje, una tarjeta de crédito puede facilitar mucho las cosas pero es importante, por supuesto, usarla con cuidado y moderación. Esa es quizás una de las pocas excepciones en las que para consumir es recomendable utilizar una tarjeta; para todo lo demás, lo mejor es no dejar deudas ni por un solo día.

No pretendo hacer un análisis económico profundo del crédito aquí, pero lo importante es tener en cuenta que las tarjetas de crédito no deben utilizarse para comprar cosas que se consumen, sino solamente aquellas que implican una inversión que luego nos va a capitalizar, ya sea a través de la incorporación o adquisición de bienes cuyo valor va a aumentar con el tiempo, o bien dándonos herramientas inmateriales - las intelectuales, por ejemplo - para poder hacer las cosas mejor. Lo que no hay que hacer es usar la tarjeta para comprar cosas que usamos, consumimos y descartamos.

Si usamos el crédito para consumir estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades reales de pago y tarde o temprano la deuda se incrementará tanto que no podremos pagarla. Si se usa para invertir y capitalizarse, a la larga un mayor capital significa que la inversión se podrá pagar. Es una diferencia sutil pero muy importante. Por eso es que tiene sentido usar una tarjeta de crédito para pagar material educativo, pero no para comprar una docena de bananas para el almuerzo.

Pero otro de los problemas que se enfrenta con la tenencia de las tarjetas de crédito es el de la tentación; Naturalmente, las compañías que emiten tarjetas de crédito y las que obtienen alguna ganancia con su uso -los bancos, por ejemplo - intentan por todos los medios que la gente las utilice lo más posible. Esto genera publicidad y muchas ofertas que de por sí pueden ser un buen negocio para le comprador, pero un mal negocio en el largo plazo al contribuir a generar una actitud de consumo que es perniciosa por generar deuda.

La autodisciplina se convierte entonces en un elemento muy importante para mantener las finanzas personales en caja y hacer que el capital sobreviva y no se tenga que utilizar en algún momento para pagar deudas absurdamente elevadas. Si no se puede ejercer autocontrol en el uso de las tarjetas de crédito, por lo tanto lo mejor es limitar al máximo posible la cantidad de ellas que poseemos. Vivir sin o casi sin tarjetas de crédito es perfectamente posible, y si bien ello puede parecer inicialmente inconveniente, a la larga genera hábitos personales de gasto, consumo e inversión que son mucho más anos y derivan no solamente en una mejor calidad de vida, sino también en una mayor capacidad para enfrentar las crisis financieras y sobrevivir.



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